En estas páginas, el presente se revela como un palimpsesto, una superficie donde se superponen tiempos que se resisten a ser borrados.
Santiago Chamorro dirige su mirada a esa fricción entre lo que es y lo que, tercamente, perdura: ecos de un futuro que nunca llegó, tiendas de barrio que sobreviven sin lógica aparente, objetos que ya no deberían estar y, sin embargo, siguen ocupando un espacio tenaz en la memoria de la ciudad.
No son ruinas, o no exactamente, sino el reverso de la modernidad, esos recodos donde la vida continúa con una inercia melancólica y vital. Sus imágenes susurran que nada desaparece del todo; solo se retira a los márgenes, a una penumbra donde aún significa algo.